Luján inmortalizó

Luego de que la tragedia tocara a su familia, el artista antioqueño Jorge Botero Luján decidió viajar con su esposa Adriana Gómez Ospina a Estados Unidos. No a empezar una nueva vida, pues las heridas que les dejó el asesinato de su hijo no cerrarían con este repentino viaje.

Ahora firma sus cuadros como Luján, pues aunque los personajes de sus trabajos tienen mucho de la gruesa contextura que maneja el maestro Fernando Botero en sus obras, no quiere dar pie a confusiones, pues por años ha buscado un estilo propio, sin dejar de lado la influencia de creadores que, como Velásquez, lo han inspirado al momento de pintar.

Lleva ocho años viviendo en diferentes ciudades de Estados Unidos, pero no por ello ha abandonado a Colombia y expresa que la lleva más adentro que muchos de los que viven en el país. Por esta razón, en la intimidad de su estudio de Miami dedica largas horas al trabajo de lienzos personales, en los cuales retrata la violencia del país a través de personajes mutilados y con rostros que reflejan el terror de la guerra.

Llegó a Medellín a mediados de enero, con el ánimo de visitar a sus amigos y familiares y se encontró con una ciudad que ha evolucionado en el arte. Entre las cosas que más lo impactaron destaca la plaza de las esculturas, alrededor del Museo de Antioquia. Siente que espacios como estos ubican la capital antioqueña en un renglón comparable al de grandes potencias culturales del mundo.

No obstante, señala un aspecto en el que no ha percibido cambios. “Medellín no ha crecido en cuestión de galerías. Siguen imperando las galerías de tradición. Son clubes a los cuales para entrar tienes que tener un patrocinio, alguien que te esté apadrinando”, expresa.
Ante las posibilidades que le ha abierto Estados Unidos como artista, no tiene entre sus planes vivir nuevamente en Colombia. Asegura que su vida transcurrirá en éste y otros lugares del mundo.

Pintar el dolor

En la última exposición que realizó Jorge Botero Luján en Medellín, abordó precisamente la violencia, en una muestra que tuvo como sede la Cámara de Comercio en 1997.

En sus últimas creaciones se conserva el detalle fisonómico, el erotismo y el glamour a partir del movimiento, que lo diferencia de la tendencia urbana que se impuso en anteriores trabajos.

“Hice una serie que se llamaba Gente de barrio, más que todo inspirada en la gente que yo tenía a mi alrededor y a ellos les ponía nombres como de discos de música salsa, como Pedro Navaja, El salsómano, todo eso”.

Esa obra fue llevada a Estados Unidos y, según cuenta Luján, allí lo urbano es mirado con desdén. “En Estados Unidos se maneja una obra más íntima, entonces no entienden este tipo de trabajo o seguramente lo vieron muy poco internacional, diría yo”, señala.

Uno de los grandes reconocimientos que recibió Luján en Estados Unidos fue por la presentación de un trabajo de grandes dimensiones alusivo al fatídico 11 de septiembre y que hoy hace parte de la colección permanente del Nassau County Museum of Art.

Según el pintor, esta obra representa una plegaria por todas aquellas personas que desaparecieron en la fecha. Para su elaboración utilizó imágenes de televisión y, cuenta como particularidad, que dentro del cuadro se dibujó a si mismo y a su esposa Adriana, en primer plano.

“Inmediatamente me puse a pintar este cuadro, no era capaz de pintar otra cosa. Es más, interrumpí los cuadros. A mí Nueva York me cambió mi concepto sobre la vida”, enfatiza.

En los últimos seis años, Jorge Botero Luján ha realizado alrededor de 30 exposiciones en Estados Unidos. De momento quiere aprovechar su paso por Medellín para disfrutar la comida de la casa que, según dice, es la que más falta hace.

De Jorge Botero Luján a Luján

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De niño sabía que ejercería una profesión que según Van Gohg era sucia y difícil, para otros es in y glamorosa: La Pintura.

Jorge Botero Luján, pintor paisa, conocido hace algunos anos como el pintor de los “Guardaespaldas”, “de la Violencia” con sus hombres grandes y Fuertes, aquel de “Los Ordónez” , de los “Harlistas” de “Tauromaquias”, aquel que con sus pinturas fue un cronista de la época, de aquella violencia que azotó nuestro país por los ochentas.

Luego de un cambio drástico en su vida, decide viajar a Estados Unidos, país donde ya había sido reconocido por sus varias exposiciones. Y es allí, donde comienza a surgir el Luján que conocemos ahora, aquel que dejó el tema de la violencia, no totalmente, y toma un nuevo tema pictórico “Los Tangos” que no le era desconocido, ya que creció con ellos, siendo niño, sobre el piso copiaba las carátulas de los discos, al tiempo que conocía de intérpretes, compositores y melodías.

En 2001 nadie desconoce un echo trágico el 9 – 11, Luján no fue indiferente ante semejante barbarie, y fue así como trabajando arduamente expresó con sus pinceles su rechazo ante este acto. Este cuadro de gran formato, llamado “Memorias”, fue donado a la ciudad de N.Y. y allí la alcaldia lo ubicó temporalmente en El Museo Nassau en Long Island, para ser parte de las obras del Museo que se realize en la zona cero.

Con exposiciones continuas en galerías de Estados Unidos y Europa: con participacion en ferias de arte: Miami, Art Basel, Naples, Palm Beach, N.Y, París, exposición permanente en la galería de Boca Ratón, Florida, Luján se ha promocionado y vendido como uno de la artistas latinos más destacados.

En estos últimos doce años, Luján paralelamente con sus tangos ha incursionado en otros temas pictóricos, series Paparazzi, Parade, Paraguas, y su serie Signo del Tiempo. Algunos de sus tangos fueron parte de “El Festival del Tango” I -II y III realizados en Medellín, participando con sus obra para promocionar dicho evento 2007-2008 y luego en el 2009, Luján, realizó la Exposicion “Tangos“, en Plaza Mayor con invitación y patrocinio de la alcadía de Medellín.

Luján, no ha olvidado su país, por eso el día 25 de noviembre, abrirá las puertas Lujan Fine Art Gallery, dondemantendrá expuesta en forma permanente sus obras, mostrado su nueva faceta en el abstracto pero también con algunos de sus cuadros figurativos. Así todos aquellos que quieren seguir más de cerca la trayectoria de sus obras, quedan invitados a visitar este nuevo espacio cultural que tendrá Medellín en el Poblado Calle 10 a No 36 -22.

Dos miradas sobre Jorge Botero Luján

 

Decir Medellín y decir tango,  es hablar de una misma historia, de una misma sangre. La historia va desde que los primeros tangos fueron traídos a Colombia en la década de 1920 por un bandoneonista de la Compañía de Comedias de Camila Quiroga y la gente empezó a oírlos en los discos de acetato de 78 revoluciones por minuto y a verlos bailar en las películas de Rodolfo Valentino y Carlos Gardel.

Desde entonces se volvieron parte de nuestra vida. La sangre va desde el accidente de aviación en que murieron Gardel y sus guitarristas, junto con muchos pasajeros más, en el Aeródromo de Las Playas, el 24 de junio de 1935, hasta el suicidio de Ernesto Arango en una cantina de Guayaquil, después de meter una moneda en la pianola para que Gardel le cantara los versos de la última canción:
“Sentir que es un soplo la vida…”

 

La historia puede leerse en las calles y en las fachadas de las casas de los barrios Guayaquil, Manrique y Aranjuez, algunas de ellas ya devastadas por los tractores, las piquetas, el asfalto, los incendios, el Metro, los nuevos edificios y la especulación inmobiliaria.
También en libros entrañables como “Aire de Tango”, de Manuel Mejía Vallejo, y en las baldosas rojas y amarillas del Patio del Tango, el bar legendario del Barrio Antioquia donde el gordo Aníbal alumbró a Gardel con velas cada 24 de junio, como si fuera un santo, hasta el día de su muerte.

 

Ahora esta historia puede verse y sentirse en los cuadros de Jorge Botero Luján, un pintor nacido y criado en las calles del barrio Aranjuez, mi barrio, y pintados por sus manos incansables de honrado obrero de la más alta pintura en su taller de Miami, nuestro otro barrio del otro lado de la frontera.

 

Decir Jorge Botero Luján y decir Medellín y decir Tango,  es hablar de una historia y una sangre que se confunden. Él las ha retratado en sus lienzos con una pasión desbordada desde que empezó a pintar cuando todavía era niño, hasta que después de largos años de trabajo se consagró como uno de los nuevos clásicos vivos de la pintura colombiana contemporánea.
Bienvenidos estos cuadros a su ciudad, a sus calles, al lugar donde nacieron y al que  pertenecen.

 

Germán A. Ossa E.
Cuando vi las imágenes que me llegaron por primera vez de la obra de Jorge Botero Luján por recomendación de J. Cirilo Henao, ese investigador y viajero incansable por la pintura y los pintores y artistas colombianos, sentí de “primerazo” la tentación de disfrutarlas con música tanguera de fondo, para convencerme mucho más de esa fantasía que se me presentaba frente a mis ojos.

 

Primero quise, sin que nadie me estuviera observando, reconfirmar que se trataba de pinturas y no de fotografías, porque a decir verdad, son más reales que verosímiles, es decir, son mejor concebidas por el artista que las ha pintado, que unas mismas imágenes sugeridas en un papel brillante robadas a la realidad por una cámara fotográfica.

 

Hay en sus pinturas, digo primero en las que rinden tributo al Tango, sudor, pasión, energía,  poesía y ensoñación; perdón, y música, de esa que con voz gruesa mata vidas por culpa de los celos y la venganza, el dolor,  el orgullo y la vanidad, esos que enceguecen al alma herida de los hombres que pierden la razón al amar…

 

Sus composiciones son hermosas, pues juega con la posición de la mirada que hurga el mejor ángulo para ver a su objetivo de una manera única y sublime, negándole toda posibilidad a una mirada, a un beso, a un gesto, pues recae  muchas veces  su atención en un par de hombros fielmente iluminados o en el pícaro brillo de un par de zapatos sublimemente lustrados.

 

Y de sus otros trabajos, ni hablar. ¡Qué precisión, qué perfección! Así intente distorsionar las formas, su manera impecable de componer, de iluminar y de ubicar las figuras en la tela, la sobriedad y la elegancia, obligan al espectador a respetar y a admirar sus pinturas, esas que nos muestran el frío de la lluvia, el brillo de los paraguas que han sido mojados por esas gotas implacables, la cara mala que se esconde debajo de un sombrero o las calles que sucias, empantanadas o limpias, que ven pasar la vida a cada instante.

 

Qué bueno tener en nuestro país artistas de la talla de Jorge Botero Luján, pues es un hombre que le devuelve al observador la cotidianidad de una manera impresionantemente original, bella, única, y lo mejor, diferente.

Jorge Botero Lujan

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Mi trabajo ha sido siempre como lo que yo he vivido…

Jorge Botero Lujan

Medellín, 1957

Autodidacta

“De niño sabía que no sería policía, futbolista, crítico… Sino que ejercería una profesión ‘extraña’, que para Vincent Van Gogh era sucia y difícil y para otros es ‘in’ y seductora: la pintura

Una profesión en la cual he ganado satisfacciones, rechazos y aceptación, angustias y alegrías… Amigos y enemigos”

Jorge Botero

Una de sus primeras exposiciones fue en la Biblioteca Pública Piloto en el año 1979 llamada Nueve Artistas Antioqueños. Luego expone en otras ciudades del país hasta que viaja a Estados Unidos donde es invitado a presentar sus obras.

Nada más rudo que los rostros de las pinturas de Jorge Botero, al mirarlas lo primero en que se puede pensar es en la vida de los que hemos conocido como sicarios o mafiosos, sí, siempre se ven con una mano en su bolsillo y en la otra un portafolio en donde seguramente llevan el dinero del negocio aquel que ya nos imaginamos cual es. Así fue cuando por primera vez desde hace mucho tiempo cuando iba en un autobús por San Juan, aquella pintura enorme que está en la parte trasera de un edificio imponiéndose desde su altura me llamo la atención y quise saber quién era. También cuando tiempo después en los libros de José Libardo Porras titulados Happy birthday Capo e Hijos de la nieve, pude observar aquellas pinturas y claro, nada más apropiado para ser la caratula de sus historias.

 

“Incluso los hombres más poderosos, tarde o temprano, tienen que cumplir una cita con la muerte” Happy birthday Capo.

Viernes común Acrílico 100 x 180 cms. 1994

Descendimiento Acrílico 170 x 210 cms. 1993

En el libro de pinturas 1988- 1994, encontramos comentarios como este:

“Cuando miro las pinturas de Jorge Botero (no relacionado con Fernando Botero), mi primer pensamiento es una especie de asombro: ‘Quién trajo estas personas aquí?!’. Pero las personas descritas en las pinturas no son las pinturas, y nosotros nunca veríamos las pinturas si nos dejáramos distraer por la presencia de lo horrible, del presagio, lo crudo y las personalidades burdas, en estos lienzos magníficos.

Con ellos Jorge ha creado un Mundo nuevo. Dados estos personajes, criaturas de Neardenthal, pueden ser un portento fascinante del mundo futuro o, tal vez, expone nuestro propio presente. Pero poniéndolos a ellos a un lado por el momento y mirando a las pinturas mismas, lo mejor de ellas, es genio puro. Estos trabajos nos recuerdan no solo de nuestra bestialidad sino también de nuestra mortalidad. Ellas incorporan poderosas referencias a nuestra extraña capacidad para la armonía, al éxtasis que viene de resolver y completar un diseño perfecto.

Porque Jorge crea una armonía sinfónica perfecta de elementos plásticos alrededor de un sujeto el cual frecuentemente grita  ‘la vida es peligrosa pero excitante’.

Aquí hay un hombre que está verdaderamente ‘estirando’ las ataduras del arte contemporáneo colombiano, no solo por un total ‘salto de vanguardia’, sino por medio de la maestría de las leyes y reglas de la buena pintura, y de allí empujando aún más para dar a cada trabajo la singularidad y fortaleza mas allá de la mera buena pintura.

Estos trabajos son significativos y, con el tiempo, encontrarán su camino a una posición de importancia internacional.”